El espejo de la Madrastra

BILBAOYWIENER

Por Mariana Font

Todo rito de pasaje exige la destrucción del progenitor. Cuando a Blancanieves  le toca hacerse adulta su madre ya está muerta y su madrastra es tan incontestablemente malvada que nadie lamenta el accidente que acaba con ella. Pero aunque tanto Jon Bilbao como Gabriela Wiener aludan en cierto momento al cuento de marras, ni el antihéroe  de Padres, hijos y primates ni la cronista de Nueve Lunas tienen la misma suerte: es a ellos a quienes les toca hacer el trabajo sucio.

Lo inquietante vuelve a abrirse paso sostenida e inexorablemente por las páginas de Padres Hijos y Primates, como ya ocurriera en El hermano de las moscas y en las antologías de relatos Como una historia de terror y Bajo el influjo del cometa esta última, flamante premio Euskadi de narrativa. Tras ensañarse con el hermano del protagonista en su primera novela, Bilbao la emprende ahora contra un padre metafórico. Durante un viaje a la Riviera Maya, Joanes, un ingeniero de mediana edad, casado y con una hija adolescente, se encuentra por casualidad con un antiguo profesor de la facultad que fue definitorio en el rumbo que tomó la vida del ahora empresario de aire acondicionado. Si en aquel momento el entonces estudiante no supo rebelarse, la tentación de la venganza no podría encontrarlo ahora en un contexto más propicio. Y es que un huracán obliga a desalojar a los turistas y deja a Joanes sin su familia, en un recorrido por no-lugares cada vez más apocalípticos donde la moral se suspende en favor de la ilusión de que nuestros actos no tienen consecuencias. Quizás el referente clásico de Bilbao sea H.G. Wells, pero hay en esta novela un afán de profundidad que la emparenta incluso con Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, una obra más ambiciosa y abarcadora pero similar a Padres en la construcción de un espacio apocalíptico y amoral.

El ritmo cautivador es uno de los puntos más fuertes de la novela de Bilbao y la remite directamente al cine. El autor hace planear con destreza la sombra de la duda por sobre de los hechos pasados, como en esas películas en que nos preguntamos si lo que percibimos no está siendo filtrado por la proyección distorsionada de una mente paranoide –El club de la lucha (Fincher, 1999), El maquinista (Anderson, 2004). La lectura de Bilbao deja el mismo sabor que una buena película apocalíptica la lista es larga e irrelevante: una de esas que lo dejan a uno cuestionando los límites de su propia moral desde un sofá que de repente tiene algo de amenazador.

Tampoco en Nueve Lunas hay juicios morales. Si algún axioma subyace en la obra de ambos es que las circunstancias son el chantaje sobre el cual se funda cualquier decisión. Pero mientras que las decisiones –esas decisiones constreñidas? son centrales en Padres Hijos y Primates, en la crónica tan solo se retratan. Fiel a su origen periodístico, Wiener informa pero rara vez sugiere. Tres abortos después, con un padre enfermo, una amiga que acaba de suicidarse, desempleada y extranjera, la periodista queda embarazada. Así comienza este registro de un embarazo, articulado en nueve capítulos correspondientes a los meses de gestación. A pesar de las imbricadas circunstancias iniciales, la autora pasa por alto toda elucubración filosófica al respecto y se embarca en la crónica pura. Personalísima y descarnada, eso sí, y por lo mismo abarcadora de temas alejados de la arquetípica literatura para embarazadas exceptuando Carta a un niño que nunca nació de Oriana Fallaci, o la más reciente El embarazo de mi hermana, de Yoko Ogawa, que no son literatura para embarazadas sino sobre ellas. Quien conozca su trabajo como periodista gonzo, plasmado en Sexografías (2008), no se sorprenderá de este afán de exponerse, pero tal vez se vea defraudado si espera que la crónica gire en torno al sexo. Inescapable tema que no deja de estar presente, pero que es tratado bastante más someramente de lo que la contracubierta promete. No defrauda en su cobertura de sitios que recuerdan los no-lugares de Bilbao. Second Life le permite plasmar diversos puntos de vista sobre la procreación, www.rotten.com añade una infaltable mini sección gore,  y Nueve Lunas resulta ser la sección específica de embarazadas de un portal de pornografía. Más que un recurso narrativo, sin embargo, este universo paralelo refleja un cambio en los espacios que la autora habita, y que caracterizan parte de eso que llaman posmodernidad.

Descarnada cuando consigue el tono adecuado, la prosa de Wiener de a ratos adquiere un tinte cínico que más que inteligente resulta un tanto desesperado. Entre los padres metafóricos que tiene que matar están Silvio Rodríguez o los Quilapayún. Wiener busca ser todo menos cursi y sin embargo cursi es también parte de su identidad, y en algún momento de relajamiento la autora lo reconoce y hasta lo esgrime, convirtiendo esa tensión entre dos pulsiones en un tema en sí mismo. Bilbao, en cambio, no se aparte un ápice de una prosa sobria que da cuenta de la influencia de lecturas anglosajonas y que construye una distancia perturbadora.

Wiener no deja de mirarse en el egocéntrico “espejo de la madrastra”, ni siquiera cuando se pregunta si su hija será igual de radical que ella en su distanciamiento de su madre. Joanes, aparentemente más modoso, quizás acabe convertido en la trastornada madrastra.

***

 

Mariana Font (Montevideo, 1977) es una uruguaya emigrada a Cataluña que trabaja como traductora y profesora de inglés. Es licenciada en Humanidades y ha cursado una maestría en Creación Literaria. Algunos de sus textos han aparecido en el fanzine Percepcions y en su blog miraquejosha.blogspot. También ha colaborado como traductora en la web Palabras Errantes http://www.pulsamerica.co.uk/literature, y uno de sus relatos fue recientemente publicado en www.suelta.es.

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2 Comentarios en "El espejo de la Madrastra"

  1. Nino Collado agosto 9, 2012 a las 3:28 pm - Reply

    muy bueno

  2. Graciela Bension agosto 12, 2012 a las 12:42 pm - Reply

    Enhorabuena , Mariana, por tus logros,…..

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