Literofilia
Ciudad de Cipotes
Ún viaje sin manchas
Por Byron Espinoza | Ilustración Héctor Gamboa
30/07/2017

Si parto del maravilloso lugar común de que todo libro es un viaje o de que toda lectura nos transporta por igual a lugares lejanos o a la realidad que no vemos, este hermoso álbum ilustrado de Meritxell Margarit, publicado por Editorial La Jirafa y Yo, lo es por donde se mire y hacia donde nos lleve. 

Esta historia sencilla, tratada con delicadeza, nos habla de una lince adulta llamada Marisa y de sus dos crías: Sabina y Lucía. Su madre les enseña a diario como sobrevivir para el día que deban hacerlo sin ella, e inclusive la una sin la otra, porque “—Los linces vivimos del conejo. Y no existe un lugar con suficientes conejos para alimentar a varios linces a la vez. Por eso, debemos separarnos. Cada lince debe tener su propio territorio y sus propios conejos. Los linces no vivimos en manada: somos almas solitarias” (p. 16).

 

El cuento transcurre con transiciones temporales que entrelazan la vida y las estaciones del año: “Ha llegado el verano”, “Es otoño”, “Ha llegado el momento de separarse”.

 

Mientras que Sabina, la lince sin manchas, se detiene a observar los mínimos detalles durante el trayecto, su madre y su hermana parecen ir más de prisa, porque “—No debemos perder un minuto. Aún nos queda mucho por aprender” (p. 15).

 

En su solitario camino, Marisa y sus crías se hacen acompañar, quizás sin saberlo, por personajes que van y vienen página con página y se presentan con voz propia desde cada rincón o esquina: “Soy la Luna”, “Soy un cantueso”, “Somos colibríes / Y yo un gorrión”, “Soy una encina”, “Soy un águila. Y yo también”, así durante todo el libro, interactuando tanto con sí mismos como con el lector, haciéndonos protagonistas de una historia que vamos escribiendo todos.

 

Se trata de una fábula que representa una llegada tardía a la madurez, de quedarnos un poco rezagados en la infancia y de la importancia de prestar atención a los detalles mientras los demás siguen con prisa su camino.  Habla también del miedo a la soledad, de alejarnos de nuestra zona de confort. Del adiós a lo que amamos y a quienes amamos.

 

Con un impecable trabajo del celebrado maestro Gusti, este es un canto a la solidaridad y a la libertad. Es la búsqueda del viaje individual que todos debemos emprender más temprano que tarde. Es mantenerse en el camino correcto y saber esperar el momento justo, porque todo es, simplemente, cuestión de tiempo.

 

Un cuento sencillo que, como adulto, me llena de preguntas que los niños, en su infinita sabiduría, ya tienen más que resueltas.

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