Literofilia
Pochemucka
Mishad Orlandini
Al menos una vez en la vida tienes que ir a Frankfurt
16/11/2016

La Feria del Libro de Frankfurt / Buchmesse ha sido una universidad completa. Éramos 24 editores de diferentes nacionalidades que compartimos juntos durante 12 días de formación y trabajo.

 El programa comenzó la presentación de los distintos países invitados y seminarios sobre derechos de autor y diseño editorial. Aprendí tanto de los seminarios como de la experiencia y charlas con mis amigos editores. Editores de Sudáfrica, Siria, Brasil, Indonesia, Egipto, Zimbabue que al igual que yo, editan con todas las limitaciones de infraestructura propias de nuestros convulsos países. Comenzó el programa oficial de la feria con una serie de conferencias y rueda de negocios llamada “The Markets”: editores, directivos, emprendedores e innovadores compartieron sus experiencias. Pude ver el mundo de oportunidades y visiones que se tienen respecto al libro, la transmisión de conocimiento y el entretenimiento. Un abanico de visiones desplegadas. Comenzar a compartir con esos grandes editores y escritores fue magnífico. Pude comprobar cómo las editoriales pequeñas, alternativas, independientes o como cada una se quiera denominar, son el semillero de las nuevas plumas y estéticas literarias. La feria es enorme y cada día regresaba llena de catálogos, tarjetas de presentación, bolsas y la cabeza llena de ideas y nuevos aprendizajes. Si dos palabras pudieran definir esta experiencia serían esas: nuevo y aprendizaje. Hasta la fecha no he ido a la Feria de Guadalajara entonces, para mí, esta es la feria más grande que he ido. Todo era nuevo. Todo era un aprendizaje.

 

No sabía una palabra de alemán pero su sistema es tan lógico que no necesitaba mucho para entenderlo. Del viaje eso fue lo que me dejó perpleja. Su estructura, su disciplina, su sentido común.

 

Una de las novedades de esta edición de la Buchmesse fue el salón “The Arts+”- http://theartsplus.com/ – que inauguró con el lema: the business of creativity / el negocio de la creatividad. Allí se encontraba editoriales, museos, artistas y conferencias entorno a la creatividad y las artes. No podía creer las bellezas que allí estaban. Catálogos de arte, libros de artistas, revistas y libros de diseño. Pasé un día hablando y aprendiendo de esos editores y artistas. Libros que ya vienen con su versión ebook y audiobook incorporada. Para ellos, estas tecnologías ya no eran innovadoras. Ya las habían incorporado en sus prácticas y modelos editoriales. La realidad aumentada y realidad virtual eran el siguiente paso en la innovación cultural.

 

Antes de la feria no sabía de las posibilidades que, como editora, tenía con los derechos de autor. Había asistido a dos talleres de derechos de autor. Una cosa es saber la ley. Otra distinta, es saber cómo se mueven los derechos en el mercado internacional. En Centroamérica, no hay una industria editorial tan compleja y desarrollada como en Europa u otras regiones. No hay grandes distribuidores, agentes literarios, empresas de marketing cultural. Un editor es todo: el impresor, editor, distribuidor, vendedor, agente literario. Nos movemos muchas veces en arenas movedizas no definidas. Pude hacer alianzas con editores, gestores e instituciones culturales internacionales pero ante la posibilidad de transitar en ese puente del conocimiento me encontraba con la limitación de una infraestructura regional. ¿Quién debe construir esos puentes?

 

Para promover el intercambio literario y una dialéctica cultural, muchos gobiernos y ferias locales tienen fondos de traducción, fondos de movilidad y programa de invitación para escritores. De hecho yo pude ir con todo pagado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania.

 

Volviendo a la experiencia. En esos días, nos hospedamos en un bello hotel a las afueras de Frankfurt. En frente se encontraba la estación de tren/metro al lado de un bosque. Durante esos días compartimos experiencias, contactos, aprendizajes en el idioma que podíamos. En el desayuno se podía escuchar inglés, español, árabe, alemán y las risas que eran nuestro idioma universal. Junto a Jane y Brian de Zimbabue, Claire de Sudáfrica e Inas de Siria tuve la oportunidad de analizar aspectos específicos que hacían que nuestros ambientes editoriales. Una mirada externa me dio claridad sobre aspectos culturales e históricos que han afectado al estado actual de nuestra industria editorial. Los encuentros en la feria me aportaron muchas herramientas para las citas y encuentros que tuve en Madrid y Barcelona.

 

Algunos le pueden llamar suerte, ángeles, karma o cómo cada uno lo defina. Lo cierto es que me pasaron cosas extraordinarias en Frankfurt. Poder hablar con los rockstars de la innovación editorial mientras tomábamos un café o cargábamos el teléfono porque me los encontraba casualmente al lado mío entre reunión y reunión. Yo no tenía una agenda llena de antemano como ellos así que esos minutos eran valiosos. Por los pasillos encontrarme a dos futuros distribuidores o en una recepción terminar riendo con el presidente del Grupo Planeta después de una curiosa equivocación. Parte es suerte y otra parte es trabajo. Desde que entraba a la feria me iba a recorrer los pasillos buscando a la gente que había marcado en la lista o en el catálogo. La feria no terminaba en la feria. Luego las recepciones o las cenas donde podías hablar con la gente de forma más relajada. Allí compartí con mexicanos, brasileños, españoles y chilenos donde la comida y música forjaron alianzas y amistades que van más allá de los libros.

 

Aún estoy sistematizando la información. Uno de los editores experimentados me lo advirtió: “La primera vez que vienes a Frankfurt tienes trabajo para un año.” Exagera, pensé. Ahora con una maleta de catálogos, libros de muestra, mails y tarjetas de presentación le doy la razón.

 

“Te veo en Guadalajara”, me dijo Nathan, uno de estos rockstars innovadores. Espero sea en Frankfurt, el próximo año.

 

Frankfurt ha cambiado la manera en que veo mi proyecto. Tardaré un tiempo en darle el giro que tengo que dar y construir lo que realmente quiero como proyecto cultural y de vida.

 

Los 24 invitados este año no dejábamos de agradecer los encargados del programa de invitación. Pablo y Marifé, quienes hacen posible el Invitation Programme, marcaron nuestras vidas.

 

Una columna no alcanza para describir este año de mi vida. Este capítulo llamado de Puerto Rico a Frankfurt. El año más difícil pero, a la vez, lleno de aprendizaje y transformación. Una nueva etapa que comienza a partir de las luces que he recibido desde este viaje.

 

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