Literofilia
Pochemucka
Mishad Orlandini
Del meme a la gestión cultural y pedagógica
17/02/2016

Una imagen vale más que mil palabras. Ya no me lo creo. De hecho, en la universidad nos repitieron esta frase mucha veces. Sentía que no era del todo verdad. Hace cien años con el auge de la fotografía puede que haya sido cierta pero ahora pierde su permanencia. Siempre pensé que un buen pie de foto podría resignificar una imagen. Así que una imagen vale más que mil palabras hasta que una sola palabra puede reconceptualizarla.

En los últimos años he tenido que negociar con gestores culturales que vienen de las artes visuales. Cuando les explicaba el proyecto de “La Valiente” me miraban con menosprecio. Percibía en sus argumentos y rechazos que consideraban a la literatura como algo caduco y anticuado. Las exposiciones de arte y los festivales de diseño estaban a reventar mientras me limitaba a estudiar los fenómenos culturales aconteciendo a nivel nacional y a nivel mundial.  Todo bien hasta allí. Hasta que comenzamos  a ver el fenómeno del Meme.

 

 Según el etólogo británico Richard Dawkins el meme se define como “una entidad cultural que puede ser transmitida persona a persona, copiada y alterada para comunicar algo.” Este término fue creado en 1976 en el su libro “ The Selfish Gene”.  El meme nace de la teoría sobre la difusión cultural donde éste es una idea que puede evolucionar y que es tremendamente viral y propagable. En 1976, las redes sociales no habían tenido el estallido de estos últimos años. Y es aquí donde me parece fantástica la nueva semiótica creada por este fenómeno cultural. En la actualidad, los memes funcionan en una sinérgia entre la imagen y el textos. Aislados no cumplen la misma función.

 

 Las temáticas y grados de complejidad dependen del público al que va dirigido.  Me parecen muy interesante los memes científicos o literarios. Para entender su humor o sátira, como público tenemos que tener un bagaje cultural que nos permita captar la ironía.  Y es a través de los memes que enseñaría muchas áreas de conocimiento a las nuevas generaciones. Es su lenguaje, es una forma fresca de acercarnos.

 

 Jamás se me olvidará mi primera clase de Movimientos Artísticos Contemporáneos en la Universidad Complutense con Pilar Aumente. Ella era el temor en la Facultad de Comunicación y Bellas Artes. Para el exámen nos teníamos que saber el catálogo completo de las últimas vanguardias. Repetí esa clase tres veces porque en el exámen se rebuscaba la obra más desconocida del autor o de un movimiento, pero volviendo a la primera clase. Nos puso un cuadro gótico que había sido deconstruído por un artista contemporáneo.  Sólo una persona alcanzó a contestar el análisis correctamente, ya que sólo él había estudiado en un colegio católico y conocía la iconografía utilizada en ambas obras. Así que doña Aumente nos sentenció: “¿Cómo pretenden entender la historia del arte si no han leído la Biblia?”. No lo dijo en un tono suave. Lo gritó furiosa a 70 estudiantes aproximadamente que estabamos en ese primer día y que la mayoría eran repitentes. En ese momento, lo menos que quería era leer la Biblia, al final del año le dí la razón ya que la cultura occidental gira en gran porcentaje sobre las bases establecidas en ese libro. Lo recomendaba leerlo no de forma moral y religiosa sino que cultural. Lo mismo pasa con muchos libros en la literatura.  Y utilizar estos fenómenos virtuales ayudaría a incentivar el interés en la cultura.

 

 Sólo con haber leído a Miguel Ángel Asturias, Otto René Castillo, Cardoza y Aragón o Castellanos Moya seríamos capaces de enteder un meme. En ese tipo de estrategías pienso a nivel pedagógico y a nivel de gestión cultural para dinamizar e innovar en la cultura. En la región, considero que tenemos que salir del pensamiento moderno y comenzar a explorar de manera lúdica para acercar la cultural en lugar de volverla hermética, elitísta e intelectualoide.  También para enriquecer las diferentes disciplinas artísticas. Los mejores artistas visuales se nutren de la literatura, de la música, de la arquitectura. No se limitan sólo a su campo. Al igual para los escritores.  Las nuevas formas culturales nos obligan a un conocimiento integral y multidisciplinar que haga replantearnos las formas de difusión de la cultura.

 

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