Literofilia
Tinta Digital
Alberto Sánchez Argüello
Cajas de magia, escalones y minificciones
22/03/2017

Una mañana de lunes, después de dejar a mi hija en su nueva aventura iniciando primaria, me dirigí con valor hacia otra escuela en la que un grupo de niños y niñas de secundaria esperaban una charla sobre minificción.

Unos quince minutos de tráfico más tarde, me encontraba al pie de las escaleras que me conducían a ellos. Recorrí doce escalones al encuentro de diez niños y niñas de edades variadas que me recibieron con miradas más bien anodinas. Bien, pensé, otro grupo programado a recibir literatura como parte de la jornada dariana, tocará hablar de cosas que les hagan sentido. 

 

Cambié la dirección que llevaba para mí charla y en vez de mostrar muchas citas conceptuales, usé ejemplos concretos y muchas referencias a series de Netflix y películas que ellos seguramente conocían.

 

El cambio dio buen resultado. Con los ejemplos imaginamos inicios y finales que no estaban a la vista, descubriendo que se puede jugar con la estructura narrativa clásica de inicio, nudo y desenlace, devolviendo al lector y la lectora la posibilidad de escribir y re escribir un texto.

 

Eso sirvió para hablar sobre como la postmodernidad nos ha traído el placer de la cocreación, la interpretación múltiple, el uso y abuso de los cuadros cognitivos, la intertextualidad y el pastiche como amos y señores de un mundo donde cada día es menos probable crear algo nuevo.

 

Estos niños y niñas, como muchos usuarios y usuarias, no están produciendo contenidos en redes sociales y medios digitales. La mayor parte de su tiempo están consumiendo contenidos seleccionados para ellos por conglomerados digitales y, sin embargo, aún poseen la capacidad del asombro, del análisis y la creación a partir de estímulos literarios.

 

Me tomé diez minutos -una eternidad en tiempo adolescente- explicando el mito del Minotauro, el hilo de Ariadna, la furia de Minos y el escape de Dédalos, todo para poder encuadrar una minificción intertextual. Valió la pena porque me permitió entender que la oralidad aún funciona, por eso no sorprende el reavivamiento de la narración oral, el performance y el teatro. Las nuevas generaciones siguen hambrientas de historias, pero requieren de mayores estímulos, acostumbrados como están a YouTube y Vimeo.

 

Lo otro que engancha es descubrir la lúdica en lo literario. Gocé con sus expresiones de asombro cuando descubrieron que la minificción puede ser como un caja de magia en la que el escritor y la escritora condensan universos enteros a partir de pistas y fragmentos y el lector y la lectora abren la caja y expanden su contenido, tejiendo universos textuales que pueden incluso ir más allá de las premisas originales.

 

Pasar de ese asombro a leer más y ejercitar la escritura no ocurre de la noche a la mañana, pero me gusta pensar que sembrar inquietudes creativas puede estimular el deseo de jugar con la narrativa.

 

Fueron sesenta minutos de palabras cruzadas que nos llevaron desde Rubén Darío hasta Augusto Monterroso y desde el texto impreso hasta Twitter y sus ciento cuarenta caracteres. Me despedí, dándole las gracias a Guillermo Obando por haberme invitado y bajé los doce escalones sintiéndome más ligero. Me subí al Land Rover herencia de mi abuelo y conduje de vuelta a Managua, ciudad de minificciones.

 

© Literofilia Ltda. • Diseño y programación:Tormenta Cerebral • © Nimbus 1.0