Literofilia
Letra menuda
Pedro Crenes
El cuento: una tentativa
25/07/2017

Al final, siempre termina uno en el cuento. Un buen amigo me decía el otro día que estaba leyendo a Ribeyro ⸻“el peruano”, me dice para más señas, “ya”, le contesto⸻, y me deslizo hacia mi despacho para buscarle cerca, a mano derecha de mi mesa, en sus cuentos completos que compré hace años. Abro por cualquier parte y leo. Al final, después de aquella llamada de mi amigo, me quedé atrapado, otra vez, en el cuento. Y en Ribeyro.

Bryce, que le prologa los cuentos completos de Alfaguara, dice algo del autor de “El libro en blanco”, que me empuja al fondo de la sombra de Ribeyro: son “…los cuentos de un narrador excepcional que, a lo largo de cuatro décadas, se ha entregado a la literatura sin aspavientos, alejado de modas y todo tipo de experimentalismos al día”. Y uno quiere adentrarse más en las circunstancias del hecho creativo para encontrar cierta luz en medio de la búsqueda, en medio de la tentativa de ordenar el viejo rompecabezas del mundo.

 

Y empiezo a buscar por las “Prosas apátridas” y encuentro este elocuente fragmento: “en cada una de las letras que escribo, está enhebrado el tiempo, mi tiempo, la trama de mi vida que otros descifrarán como el dibujo en la alfombra”. Ribeyro habla de “dejar testimonio de momentos que no merecerían figurar en la memoria de nadie”, una señal que me devuelve a los caminos de Macondo, a la peste del insomnio y su principal consecuencia: el olvido. Todo cuento ha de ser una tentativa de memoria, todo cuento ha de remitir a un recuerdo, tiene que hacer recordar.

 

Había en Ribeyro un convencimiento: “Veo y siento la realidad en forma de cuento y sólo puedo expresarme de esa manera”. Un autor que se mide a sí mismo y no exagera los números. Pero qué son los números en literatura sino cifras de ventas las más de las veces ⸻“somos de letras” decimos con la boca chica⸻, pero las matemáticas nos empujan a la frustración vocacional. María Teresa Pérez escribe en su selección de cuentos de Ribeyro: “Aprehender la vida en formato de cuento, entrar en la historia por la puerta pequeña… nos remite a la concepción que Ribeyro tiene de la historia: una totalidad disgregada cuyas reglas se hubieran extraviado, una vez, en el comienzo”. Todo cuento ha de ser, entonces, una tentativa de abordar el todo por las partes más pequeñas, revelando que los fragmentos son más densos que la totalidad de la “historia”.

 

Pero el cuentista, en tanto que tanteador, ha de ser fiel a un tono de carácter, a una tonalidad de piel, y Ribeyro habla de ello muchas veces: “Lo que me sienta frente a mi máquina: insatisfacción, aburrimiento, deseo de ceder la palabra al otro o a los otros que hay en nosotros mismos, asumir nuestras personalidades ovulares o rechazadas y darles momentáneamente vida, al fin de cuentas desdoblarnos o multiplicarnos en el espejo de nuestra fantasía”. Esto dice en sus diarios. Y miro mi figura cansada y multiplicada hasta el infinito en los espejos del ascensor que me sube y me baja todos los días, diciéndome sin darme yo cuenta lo que Ribeyro decía desde siempre: dile a uno de esos que te mira que te cuente, que te diga, que se confiese. Todo cuentista, ⸻tanteador⸻, reside en los espejos multiplicadores, llama de allí a sus historias.

 

Del fragmento citado arriba observo que el escritor es, en resumen y como tantas veces se ha dicho, una tentativa de Dios. Llamar a la vida a “nuestras personalidades ovulares o rechazadas” ¿no es ser un Dios capaz de obrar el milagro? Convencido como estaba de emplear un “género muerto”, Julio Ramón Ribeyro consiguió resurrecciones que nos acompañarán siempre, como la luz de la vela de Mercedes, o las cicatrices en los puños de Martín.

 

El cuento, al final, es el género que mejor se ajusta al ser humano. Quizás las novelas sean un ejercicio excelso de deriva y ocio vicioso, de desconexión, de desmesura, quién sabe, pero el cuento calza con un viaje en autobús, con una copa de vino mientras se espera, con una mirada más recogida del mundo, no lo sé. Me gustan las novelas, amo las “pequeñas resistencias” que son los cuentos, como nos dice la emblemática obra de la editorial Páginas de Espuma. “Literatura es impostura ⸻dice Luder. Por algo riman”.

 

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